Ese barrio tan desigual, bueno tan polarizado (dirían algunos).
Un barrio de la ciudad de México de los años 70s, en donde
el 35% de los niños que ingresaban a educación primaria lograban concluirla,
¿qué desigual (polarizado) barrio no?.
Un barrio en donde el 30% de los niños de 12 años o menos no
tenían o no conocían a su padre, ¿qué desigual (polarizado) barrio no?.
Un barrio tan polarizado que apenas la mitad de los
egresados de secundaria lograban ingresar a bachillerato ¿qué desigual (polarizado) barrio no?, esa es POLARIZACIÓN donde la mitad se queda y
la mitad sigue, donde la mitad piensa de una manera y la mitad de otra, bueno
donde la mitad cree en Dios y la otra mitad no cree en él.
Para hacer corto el cuento, en los años 70s, 22 de cada
1,000 educandos que habían ingresado a mediados de los 60 a la primaria, lograban
terminar la educación profesional ¿qué
desigual (polarizado) barrio no?.
Seguramente en la colonia Cuauhtémoc eran más de 80 los que
hacían esa proeza y de los niños de las Lomas más de 200, ¿qué desigual
(polarizada) ciudad no?.
Bueno hace unos días nos reunimos cuatro profesionales
(egresados de una universidad) que concluimos la secundaria en un barrio
popular, es decir la proporción de 200 educandos que en ese mismo barrio tan
polarizado que habíamos logramos ingresar a la educación primaria a mediados de
los 60s.
Y no esos 978 (de los mil) compañeros que no terminaron la
universidad, no lo hicieron porque fueran flojos o tontos, lo hicieron porque
tenían otras necesidades más apremiantes, tuvieron que dejar la escuela, así de
desigual (polarizado) era este país en 1970, hoy seguramente es menos desigual,
pero todavía falta mucho por hacer.
Ese barrio donde llegue siendo chamaco, ahí donde por
primera vez un amigo me dio un abrazo. Ese barrio polarizado que propiciaba el
acercamiento poblacional, ese calpulli (calpolli), qué propiciaba integración,
que facilitaba comunicación, que daba sin pedir nada a cambio.
El barrio no es un lugar físico, un espacio, el barrio es
aquel que genera emociones (o no), que propicia interacciones (cuando hay emociones),
que da oportunidades (o las quita). El barrio no es un lugar de destino es un
lugar de paso.
Venir de un barrio como en el que yo estudié, quitaba
oportunidades, minimizaba emociones y enfriaba interacciones.
La colonia Guerrero de los años 70s era un espacio peligroso,
quizá hoy lo siga siendo (seguramente menos), pero sigue siendo un barrio
cálido, amistoso, populoso, en el que las emociones e interacciones se
desbordan.
La polarización de este país no es resultado de los últimos 8
años de gobierno, sino de más de 70 años de desigualdad, hoy el 80% de los
pobladores de Chiapas no tienen un colchón en donde dormir, hoy el 25% de la
población de Oaxaca no recibe los recursos mínimos necesarios para sobrevivir
alimentariamente, hoy en México el primer decil de población más acaudalada
tiene en su poder más del 50% del total de los caudales monetarios de este
país.
La polarización no
nació hace 8 años y no se va a acabar en el corto plazo.
Por cierto en la Guerrero, de manera desinteresada, la
población sigue dando sin esperar nada a cambio.
Los datos de educación usados son índices de eficiencia terminal
y absorción.
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