lunes, 18 de noviembre de 2013

Nuevo Laredo ¿una de las joyas de la corona?

En el México bronco actual la violencia ha llegado a niveles jamás vistos, en donde las ejecuciones, asesinatos y aparición de cuerpos despedazados es la nota cotidiana en cualquier medio de  difusión.

Una vez que el Ejército “incursionó” en Lázaro Cárdenas para “recuperarlo” de manos criminales, los niveles de violencia en otros puertos fronterizos parece agudizarse, así hoy tenemos en primeras planas muertos en Juárez, en Tijuana y en Nuevo Laredo.

Ese paso fronterizo que durante los 70 fue casi totalmente dominado sólo por el Cartel del Golfo y que hacia mediados de esa década vivió una etapa de violencia exacerbada por la guerra entre esa organización y otras organizaciones criminales nacionales que buscaban un punto de acceso de su droga al importante mercado texano.

En ese entonces, el cartel bajo las órdenes de Juan Nepomuceno Guerra, sorteó los problemas y hasta realizó algunos pequeños acuerdos con el Cartel de Sinaloa, sin embargo, los jaloneos propios de los desacuerdos, generaron niveles de violencia que “amenazaban” la estabilidad local y propiciaban “escándalos” poco aceptables para las estructuras de poder federal, pues lo importante para ellos entonces era hacer parecer que las cosas estaban bien.  Fue durante el salinato (ya bajo las órdenes de Juan García Ábrego) que la organización criminal logró control sobre el paso de drogas a los Estados Unidos (estableciendo un acuerdo con otras organizaciones criminales) en el que cobraban por cargamento y se logró cierto nivel de conrol sobre las organizaciones criminales.

En esa década el Cartel del Golfo se convirtió en la más poderosa de las organizaciones criminales nacionales y mantenía control desde Cancún hasta Laredo (en Texas) y brazos de distribución en todo el este de los Estados Unidos (especialmente en los grandes centros urbanos), además de los estados del Golfo y Caribe Mexicano, mantenían presencia en Zacatecas, Jalisco y Chiapas.

Sin embargo, a principios de siglo los niveles de violencia volvieron a ser alarmantes cuando el Cartel Golfo sufre la primera escisión y bajo sobornos mucho más agresivos a la policía municipal (de Nuevo Laredo, Sabinas Hidalgo, Miguel Alemán y otros puntos) esta que se convierte en brazo operador contra los grupos escindidos de los Zeta, con la intención de recuperar el control sobre el territorio, mientras que en contraposición los Zeta usaron uniformes militares.

La guerra en las calles de esos centros urbanos era (en apariencia una guerra de fuerzas de seguridad) y la población dejó de tener confianza en todo tipo de uniformes, hacia 2003 los cárteles de Juárez y Sinaloa iniciaron su incursión en esa frontera apoyando a los Zeta, para intentar recuperar territorios y tras la caída de Osiel Cárdenas (que según versiones oficiales fue orquestada desde los ámbitos federales con apoyo de “inteligencia” militar norteamericana; pero que en realidad fue un acuerdo entre el recién fugado Chapo Guzmán y la administración de justicia federal, “para limitar el poder alcanzado por esa organización y propiciar el debilitamiento de otras”)  SALUD y apenas unos días después de “El Meme Loco” (Víctor Manuel Vázquez Mireles) que era sucesor natural de Cárdenas en la dirección de El Golfo.

La violencia entre bandas de criminales, escaló niveles nunca vistos, que incluso en agosto 2005 llevaron al cierre de consulado norteamericano y a la suspensión de actividades comerciales e industriales de amplios sectores y bastas regiones de Nuevo León y Tamaulipas.

No es circunstancial que ahora se presenten actos de violencia escalados en las fronteras nacionales, pues las organizaciones criminales parecen estar recomponiendo sus estructuras de control sobre los puntos más importantes para el paso de la droga al mercado norteamericano.

Sin embargo, en el camino están dejando estructuras de base que ya no cuentan con recurso operativo para seguir mantenerse y con ello inmensos arsenales (armas) y estructuras delictivas locales (grupos de personas) que cuentan con base social suficiente para propiciar desequilibrios gubernamentales locales.

Esas estructuras, ese armamento, puesto en manos de grupúsculos de poder político local, pueden lograr que se escalen los niveles de lucha por el poder, que surjan guerrillas (bajo banderas sociales) y que se desequilibre desde lo local la ya de por sí vulnerada paz nacional.

Revisando apuntes viejos, puedo encontrar que desde finales de la primera década de este siglo, algunas estructuras gubernamentales han sido controladas directa o indirectamente por bandas criminales (especialmente en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Veracruz, San Luis Potosí, Hidalgo y Puebla)

Hoy en algunos de esos puntos, la polarización entre algunos oponentes políticos, llegan a niveles graves de enfrentamiento cotidiano y que el México Bronco, de la tercera década del siglo pasado, sigue ahí y ahora está alimentado por condiciones objetivas de sometimiento social, hambre, desigualdad y hartazgo, así que en cualquier momento puede despertar.

SALUD

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