miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cannabis: consumo, adicción, dependencia.

Dicen nuestras “autoridades” sanitarias que el Estado mexicano interviene en materia de adicciones, basado en el tercer párrafo del Artículo 4° constitucional que dice “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud” y señala que las acciones en materia de “prevención y atención de las adicciones” se definen en la Ley General de Salud y en el Programa contra la Farmacodependencia.

En este último instrumento en algún momento se dice que los “adictos son aquellas personas que dependen del consumo de sustancias psicoactivas, en perjuicio de su salud física y psicológica, la de su familia y su entorno cercano. Por tanto, se asume en forma indistinta que un adicto, drogadicto o farmacodependiente, es aquél que física y psicológicamente depende del consumo de una o más drogas

Esa es la única definición concreta en ese instrumento legal que está destinado, según esas fabulosos “autoridades” a prevenir y atender las adicciones; inmediatamente después de ella y haciendo absoluto caso omiso de la misma, refiere al consumo de estupefacientes de manera absolutamente equívoca a “quien haya consumido el algún momento de su vida” dejando de lado su propia definición y cualquier lógica de definición precisa del tamaño del problema y por lo tanto de la intención de enfrentarlo.

Es la NOM -028-SSA2-1999, para la prevención, tratamiento y control de las adicciones; la que define de manera indistinta adicción o dependencia como “al conjunto de fenómenos del comportamiento, cognoscitivos y fisiológicos, que se desarrollan luego del consumo repetido de una sustancia psicoactiva” tan impreciso como vago.
Ahí mismo se define al consumo como “al rubro genérico que agrupa diversos patrones de uso y abuso de éstas sustancias, ya sean medicamentos o tóxicos naturales, químicos o sintéticos” otra vaguedad.
Pues bien para nuestros muy sesudos administradores de la salud en materia de farmacodependencia, el consumo es el uso y abuso; y, la adicción se da luego del consumo repetido; parece sencillo, pero no le es tanto, pues en qué momento llega a ser repetido el uso o como permiten esas “definiciones” a un ministerio público diferenciar entre consumidor y adicto.

Incluso la Ley de Narcomenudeo, no considera el consumo como delito y la Ley General de Salud establece “dosis máximas de consumo personal e inmediato” (que tampoco se definen en ninguna parte), que se han considerado como las cantidades “permitidas” para transportar de manera personal para consumo individual.

Pese a ello en México entre la publicación de esas normas jurídicas y 2013, la PGR detuvo a más de 140 mil personas por “consumo” y llevó a trámite judicial a más de 50 mil de ellos (datos de Catalina Pérez Correa y Karen Silva Mora, El Estado frente al consumo y los consumidores de drogas ilícitas en México)

Un usuario (en cualquier momento de su vida) no puede, no debe ser considerado adicto; no es parte de los beneficiarios de las políticas públicas destinadas a atender las adicciones; incluso un usuario consuetudinario y regular de cannabis que no afecta más que su salud (como un consumidor de azúcares o un adicto a carbohidratos) no debiera de ser parte de esos beneficiarios de manera inmediata.

Así, si sabemos que hay 1.2 (quizá 1.5) millones de usuarios permanentes de drogas ilegales (de los que quizá 1 o 1.2 millones son de cannabis) si podemos definir con precisión en que momento un usuario pasa a ser adicto y podemos saber por el entorno y el daño causado a él cuando ese adicto puede convertirse en un potencial riesgo social, podremos establecer el tamaño del universo a atender.

Si la Comisión Nacional contra las Adicciones, en lugar de establecer un umbral de atención “a todos los mexicanos que en algún momento de su vida hayan consumido” tuviera claridad en el tamaño de su público usuario, seguramente la política de prevención y atención sería mucho mejor.

Pero con un “comisionado” que antes que velar por los intereses de los usuarios de drogas ilegales, lame las botas del patrón y anuncia su “férrea defensa de la política prohibicionista” pues estamos jodidos.

SALUD

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