viernes, 18 de enero de 2013

Amiga, compañera, camarada y cómplice o la lucha pareja


Ayer viendo una vieja película descubrí que mi soledad no es igual sin ti, que los pequeños placeres cotidianos se disfrutan más a tu lado María Esther.

Hoy que la mujer ha logrado gracias a su lucha cotidiana, posicionar su lugar como parte y como un todo, quiero dedicar este espacio a ella (es viernes y los temas pueden cambiar)
Siempre mamé (en todos los sentidos) de mujeres inteligentes, en casa una madre que junto a su compañero se preocupaba (aparte e la crianza de cuatro infames) por estar al tanto de la noticia diaria (que en aquel entonces sólo se escuchaba y se leía al día siguiente); Alma mi hermanita que con su perspicaz manera de ver el mundo y confrontar la realidad siempre nos ponía en predicamentos; las abuelas Carmen y Rosa a las que veía poco pero que cada vez que lo hacía era para completar mi formación, pues luchadoras una sola y otra junto a su compañero de vida, eran capaces de enfrentar la adversidad y salir adelante pese a todo; Doña Boni, que con su inconmensurable fortaleza y entereza no sólo crió a los trece hijos de su vientre, sino que sin distingos formó otros trece.
Todas ellas de pensamiento progresista, todas ellas acostumbradas a no ser apéndice a tomar decisiones y seguir su instinto, fuertes, vivaces e independientes.
Hoy camino al lado de alguien que además de aceptarme como soy, es capaz de cuestionarse y cuestionarme hasta el mínimo detalle, de revisar mis palabras y aprender a revisar las suyas, la vida es un continuo aprender, leer, escuchar, hablar, ver, aprender, caminar y hasta dormir significan, tienen sustancia, son diferentes.  Complemento de vida es sin lugar a dudas.
La mujer ocupa hoy espacios que apenas hace unos años parecía imposible, es capaz de enfrentarse de manera cotidiana a la lucha social y representa quizá el principal soporte de ella, pues desde la cotidianidad conoce de manera más directa la realidad del país (ella se enfrenta además de a las condiciones sociales y económicas a la cotidiana lucha de género)
Hace muchos años conocía a María Lavalle Urbina (quizá la primera funcionaria pública de alto nivel, pero seguro la primera Presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República y la primera campechana abogada y ella decía que “en México la mujer es antes que todo y después que todos” y lo decía con su razón de mediados de los 80, con una historia y con certeza.
Han cambiado las cosas, han dejado de ser después para convertirse en presente, son parte de la lucha, son una parte tan importante de este cambio que nunca podremos entender el futuro, sin ellas.
Salud.

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